La victoria de Obama parecía cantada. La noche electoral era un mero trámite pero había algo extraño: algunos pisos de Madrid, Berlín, Nairobi o Rafah vivían con la misma alegría la victoria del hasta ahora senador por Illnois que en las sedes demócratas en Chicago en Nueva York. El mundo se ha vuelto loco si cree que algo mejorará. El mensaje de esperanza y ensueño que tan bien vendió Obama sumado a la nefasta gestión de la política exterior de E.E.U.U. de todos los gobiernos desde Reagan, han calado en todo el mundo de manera sorprendente y diría muy ingenua.
En Europa, posiblemente, si habrá cambios. Obama comparte múltiples ideas de su programa con los países fuertes del viejo continente como Francia y Alemania y además la crisis financiera obligará al de Chicago ha abrir nuevas vías, nuevas relaciones comerciales para que el Imperio. De hecho, por una vez y sin que sirva de precedente quizá Zapatero si tenía razón al afirmar que “el problema viene de Estados Unidos, la solución vendrá de Europa”.
Pese a ese cambio. Es impresionante la inocencia en el resto del mundo como la demostrada por lideres palestinos declarando que se alegran de la victoria de Obama. El conflicto en Oriente Medio no se resolverá a favor de la libertad de Palestina por un cambio en el sillón del despacho oval. Como escribía Joan Cañete en un artículo ya recogido por este blog el día es el día y la noche es la noche y la clase financiera, política e incluso social norteamericana continuará siendo judía y, al parecer en consecuencia, sionista. Por muchos buenos deseos que tenga el demócrata para la Franja de Gaza, el ejército israelí continuará siendo un comando del Tío Sam y el terrorista, ilegal e injusto asedio sobre la población palestina continuará hasta que los campos de refugiados acaben de llenarse y la masacre sionista se complete.
Algo parecido pasa en Cuba. Obama, queriendo romper con las dos últimas dos décadas, ha sido el primer candidato a la presidencia que evoca un posible levantamiento del estado de sitio económico contra Cuba. Se trata aquí de un enfoque positivo, que ha levantado la moral de mucha gente en La Habana, aunque se puede oler de sus palabras cierto tufo colonialista, como lo ilustra su voluntad de imponer ciertas condiciones a una nación soberana como la llegada de la democracia, la libertad y un montón de falsos ítems. Así que, como en Israel, la situación en Cuba no cambiará porque difícilmente el gobierno de Fidel Castro, quizá después de hablar con Obama, aceptará una democracia para los ricos como la norteamericana o la libertad comercial yankee, que es la única de lograr cualquier Emperador con barras y estrellas.
Y por último y para no alargarme más, cabe recordar que para no quedar atrás ante el aire belicoso de McCain, Obama ha asegurado que como presidente reconstruirá la industria militar, y hará frente a Al Qaeda –léase Pakistán–, a los talibanes, y al peligroso Irán, que sigue emperrado en fortalecer su programa nuclear. El candidato, a semejanza de Zapatero durante su campaña en 2004, se acuerda de Iraq e incide en el pronto retiro de tropas, pero se olvida de mencionar que por el contrario quiere más soldados en Afganistán, porque no conviene decir que este país es un lugar a no perder de vista dado que por allí pasan oleoductos y gasoductos procedentes de Turkmenistán y el Mar Caspio, y porque no está Estados Unidos para despreciar la excelente posición de Afganistán que le permite vigilar de cerca cuanto se propongan Rusia, la India y China, sus grandes rivales mundiales en busca del oro.
Así que pienso que como yo la sentía, la indiferencia –ya no digo la indignación o el cabreo- debería ser el sentimiento del Mundo frente a la elección de un Nuevo Emperador que sea quien sea seguirá subyugando a sus pueblos colonizados comercialmente.
P.D.: Sobre la alegría en Kenya mejor no hablar porque pensar que Obama finiquitará la pobreza y las diferencias norte-sur es algo surrealista.