Ibrahim el Palestino y Joe el Fontanero
Ha pasado ya cierto tiempo desde que estuve por última vez en el campo de refugiados palestino de Nuseirat, en la franja de Gaza. Lo recuerdo como un campo más de la franja: edificios grisáceos, calles sin asfaltar, fotos de mártires colgadas en las paredes, banderas de Hamás, muchos kalashnikov, carromatos de burros, miseria, suciedad, apartamentos hacinados, niños, muchos niños, niños por todas partes. No creo que haya cambiado demasiado. En Nuseirat vive Ibrahim Abú Jayab, el cual ha acaparado algunos minutos de fama estos días en los medios estadounidenses, ya que este joven de 24 años que no habla inglés se está dedicando a llamar a través de Skype a números de estadounidenses elegidos al azar para leer un mensaje que un amigo le escribió: "Soy Ibrahim Abú Jayab de la franja de Gaza y apoyo al senador Obama. Creo que el senador Obama logrará la paz en el mundo y en mi zona. Por la paz, por favor, votad al senador Obama. Muchas gracias". Sé que algunos frunciréis el ceño al leer esto, que Gaza es sinónimo de Hamás, y Hamás... es Hamás (este no es el blog para hablar de ello). Pero creedme: este tipo de ingenuidad es típicamente palestino.
Ingenuidad no sólo porque es un gesto inútil. Ingenuidad porque Obama por sí mismo no traerá la paz a Gaza de la que habla este joven. Ingenuidad porque probablemente un estadounidense medio que oiga en su teléfono o en su contestador la palabra Gaza pronunciada con acento árabe se asustará y llamará a la policía. Ingenuidad porque si se sabe que los palestinos quieren que gane Obama, eso le restará votos. Dicho de otra forma: en las encuestas que se están haciendo por el mundo para ver a quién prefieren los otros países como presidente de EEUU, sólo en Israel gana de calle John McCain. Ingenuidad porque en EEUU Israel es Israel. Punto.
Cojamos si no a nuestro amigo Joe el Fontanero. Hay algo intrínsecamente decadente en este hombre que no se llama Joe, que no tiene licencia de fontanero, que no perdería dinero con el plan fiscal de Obama y que se ha convertido en la mejor baza de McCain para remontar las encuestas, en compañero de mitin de Sarah Palin, en referencia obligada de los discursos del candidato republicano, en protagonista él mismo de actos pidiendo el voto para los republicanos. En uno de estos actos en Florida, un asistente le preguntó al hombre que no se llama Joe: "¿Estás de acuerdo en que votar a Obama es votar por la muerte de Israel?". Y el hombre que no se llama Joe, que no es fontanero pero sí tiene mucho desparpajo, dijo: "Estoy de acuerdo contigo en eso". Después, en una entrevista en la Fox (porque sí, aún lo entrevistan en la tele), añadió. "Es la opinión personal que he construido tras estudiar diferentes hechos. Pero no quieres mi opinión sobre política exterior, sé lo suficiente sobre política exterior como para ser peligroso". You betcha, que diría Palin.
Como decía, hay algo intrínsecamente decadente en que al hombre que no se llama Joe le pregunten sobre política exterior en un acto vinculado a una campaña electoral a la presidencia de EEUU. "Hechos", dice Joe. El hecho es que Obama ha dicho por activa y por pasiva que considera a Israel un aliado esencial e imprescindible al que hay que defender de Irán. Por decir incluso ha dicho que Jerusalén (entera) es la capital del Estado hebreo, una decisión que no es ni ha sido hasta ahora la política oficial de EEUU, que al igual que la inmensa mayoría de países del mundo tiene su embajada en Tel-Aviv. La misma campaña de McCain admitió que elegir Obama no equivale a la muerte de Israel (faltaría más). Aunque recordó que Joe, a pesar de que habla sólo por sí mismo, "ha ofrecido algunos agudos análisis que van al núcleo de las preocupaciones que la gente tiene con las palabras y las manifestaciones de Barack Obama".
Lo que ha ofrecido hasta el momento el hombre que no se llama Joe es muy buenos motivos para la depresión. Depresión para Obama, que después de gastarse 230 millones de dólares en propaganda se encuentra con gente como Joe que cree que va a subir los impuestos a todo el mundo o que lo considera un enemigo de Israel. Depresión para los que creen que una campaña electoral a la presidencia de EEUU debería ser una cosa muy seria. Depresión para los medios de comunicación, que han informado por activa y por pasiva de la postura de Obama respecto Israel. Y depresión ante la más pequeña posibilidad de que McCain, el tipo que ha elevado a los altares de los analistas en política internacional a Joe, acabe remontando, dé la campanada el martes que viene y lleve esta peculiar política de selección de personal a la Casa Blanca.
Joe, además, es otra cosa. Es el símbolo viviente de que hay cosas que no se pueden cambiar. El sol sale de día, la luna sale de noche y en EEUU si no tienes posturas políticas sobre Israel que en el mismo Estado hebreo son consideradas propias del Likud o a la derecha del Likud eres un peligroso antisemita y anti-israelí. Olvidaos del aborto, las armas, el capitalismo o cualquier otro tema: la única cuestión en EEUU sobre la que hay un consenso casi monolítico, inquebrantable, de izquierda a derecha y de arriba a abajo es la bondad infinita de Israel y el apoyo sin fisuras que se le debe a cualquiera de sus decisiones.
En el fondo, la culpa no es da pie Joe. Al fin y al cabo sólo repite lo que alguien le dijo que alguien había oído que se decía que Obamensa. La culpa es de quien lo ha convertido en símbolo de alguien más que no sea él mismo.

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